Otto e mezzo

mayo 17th, 2012 § Dejar un comentario

En el contexto hedonista y decadente de un balneario decimonónico destacan una serie de originales asientos. Sillas vacacionales de color blanco desde las que los personajes, impecablemente vestidos, se entregan a la buena vida y se dejan ver ufanos con todas sus miserias e histerismos.

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Aparentemente autobiográfica, la película de Fellini desgrana los problemas de identidad, inseguridad y crisis creativa a través de las evoluciones de su protagonista: un director consagrado que se enfrenta al inicio inminente de un nuevo rodaje al tiempo que es asediado por perturbadoras visiones en forma de sueños y recuerdos.

En ese contexto irreal aparece en el inicio de la película el modelo más exótico y radical de asiento: Un gracioso banco acústico desde el que los personajes disfrutan las aguas medicinales y la música de Wagner. Este asiento para escuchar es lo suficientemente ancho para ser utilizado en pareja y es en él donde encuentra Guido (Mastroiani) el primer espacio de intimidad de la película y recibe la devastadora opinión que sobre su proyecto tiene un afamado crítico cinematográfico.

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Si bien la mayor parte de las sillas de la película son las clásicas Thonet o los anónimos muebles de tubo de acero habituales de las terrazas exteriores, al final de la historia reaparecen unos asientos originales y excesivos capaces de producir un espacio entorno al usuario. Se trata de unas bellísimas sillas de mimbre blanco que gracias a una generosa capota construyen una coraza alrededor de quien las ocupa. Disponen además de unos ventanucos laterales de tal forma que sin menoscabar la discreción resulta posible fisgar a ambos lados.

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Recuerda este último diseño a algunos trabajos de Jaime Hayón, especialmente la Showtime producida por BD que con tan irreverente descaro hace suya esa atmósfera dulzona y ligera del dolce fare niente.

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Texto: Elías Cueto. Imágenes: Otto e mezzo; hayonstudio.com

Silla Playboy

mayo 6th, 2012 § Dejar un comentario

Tras la insistente recomendación de mi amigo Elías Cueto, prolífico articulista en este blog (o debiera decir post_ista), he sucumbido a la lectura del  libro de Beatriz Preciado, Pornotopía (Editorial Anagrama), cuyo subtítulo reza Arquitectura y sexualidad en “Playboy” durante la guerra fría.

Este exhaustivo ensayo aborda la vida y, sobre todo, la obra de Hugh Hefner, creador de la revista Playboy. He de decir que mi conocimiento sobre el tema no pasaba de haber visto en reiteradas ocasiones las voluptuosas portadas de esta firma (sentimiento de culpabilidad). Sin embargo, esta ignorancia sobre la materia no es en absoluto relevante, puesto que una de las primeras ideas que se desmonta es que la revista no nace tan solo como revista erótica sino también como revista de interiores. Nos situamos a mediados del siglo pasado, después de la Segunda Guerra Mundial; Playboy empieza a publicar, algo hasta la fecha desconocido, los interiores y las escenas de la vivienda norteamericana. Una visión totalmente erótica, ya que se desvela públicamente la privacidad del hogar; es el primer desnudo residencial. Hoy, la pornografía está a la  orden del día, basta revisar cualquier revista de arquitectura.


Otra de las ideas que nos descubre la autora del libro y que nos conduce a nuestro tema fetiche de las sillas es el de la emancipación masculina. Véase, a continuación, la cita de Víctor A. Lownes (socio de Hefner), citado en Russel Miller.

“Poseía todo lo que un hombre puede desear: una esposa bella y cariñosa, dos hijos magníficos, una casa espléndida y un buen trabajo. El único problema era que se aburría como una ostra. Odiaba el club de tenis, la interminable noria de cócteles y barbacoas, las banalidades y la autocomplaciente respetabilidad de la vida de ensueño de la clase media americana. Confesaba, pesaroso, que lo único que lograba animarlo era la perspectiva de tener encuentros sexuales extraconyugales. Un día, en 1953, sencillamente salió por la puerta y nunca regresó.”

Escena familiar, 1950 – ¿Presente?

Se pone de manifiesto la voluntad de aquel hombre de los años 50 de huir de un espacio totalmente feminizado como era la casa suburbana. Así pues, uno de los primeros refugios que encuentra ese hombre es el del ático urbano. En ese nuevo hábitat es donde el rol de los muebles y en particular de las sillas toma un papel protagonista. Beatriz Preciado lo define así:

“Playboy concede a los muebles cualidades sobrenaturales, representándolos como auténticas prótesis del soltero que suplementan su incapacidad para ligar sin ser pescado.”


Sofá D70, Bosani, 1954

En realidad, lo que se ensalza es la capacidad mutante de los muebles, como el citado sofá adaptable D70 de Borsani. En el contexto de apartamento de soltero, el sofá pierde su carga simbólica, de pieza de congregación familiar alrededor de un televisor, y se convierte en una herramienta sofisticada para pasar de una conversación de flirteo a una escena amorosa, activando un simple mecanismo. Igualmente, se les confiere este valor a determinadas sillas; en el libro, se cita la silla womb de Saarinen, aunque creo que se está refiriendo a la silla tulip del mismo au
tor, dice así:

“En la sala de estar, explica el artículo, la silla womb de Saarinen puede fácilmente desplazarse a derecha o izquierda para transformar el área de trabajo en zona de ligue (y viceversa), con el consiguiente ahorro de esfuerzo y tiempo para el soltero.”

Sillón womb, Eero Saarinen, 1948 / Silla tulip, Eero Saarinen, 1956

Veamos la situación contemporánea de estos asuntos.

Imágenes y texto: Xulio Turnes.

Ilmari Tapiovaara (1914-1999). Una introducción

abril 21st, 2012 § Dejar un comentario

Este documental de Artek presenta un interesante enfoque sobre obra y la personalidad del diseñador finlandés Ilmari Tapivaara, alumno aventajado de los maestros del Movimiento Moderno y creador de varios de los iconos del diseño del siglo XX.

“A chair is not just a seat – it is the key to the whole interior”Ilmari Tapiovaara

Chair Farm (Cultivando sillas)

abril 18th, 2012 § Dejar un comentario

¿Es posible cultivar una silla en lugar de fabricarla, desmontando el paradigma de la elaboración industrial?

A esta pregunta va a dar respuesta Werner Aisslinger en la feria diseño Ventura Lambratte de Milán, como parte de un proyecto colectivo denominado Instant Stories. . El diseñador alemán, que ya ha trabajado en otros proyectos experimentales como la Hemp Chair -una silla moldeada en una pieza a base de fibras de cañamo prensado – presenta Chair Farm, que consiste en cultivar una silla dentro de un invernadero. Para ello, además de proporcionar las condiciones idóneas de temperatura, humedad y luz artificial, se vale de una estructura de acero que sirve de guía para el crecimiento y desarrollo de las plantas y que será retirada una vez alcanzada la consistencia necesaria.

Así de sencillo, ¿quién se atreve a probarla?

p.s.: Otro proyecto muy intesesante sobre el uso de la biología aplicado al diseño – en este caso gráfico – es Symbiosis de Jelte van Abbema, donde cultiva bacterias en cajas de Petri o marquesinas de autobús, para la creación de tipografías vivas.

Texto: José Suárez. Fotografía: Nicolo Lanfranchi para Dezeen

Fabricando “The Chair” de Hans J. Wegner

abril 7th, 2012 § Dejar un comentario

Este video del fabricante PP Møbler muestra el proceso completo de fabricación de la silla “The Chair” de Hans J. Wegner (1914-2007), diseñador que revolucionó el diseño danés en los 50′s con la presentación de varias piezas – ahora icónicas – como esta misma, The Peacock chair o Papa Bear.

Sobre el WC

marzo 21st, 2012 § Dejar un comentario

1 Política del WC

Quizás el asiento por excelencia, el más universal apoyo y el que de forma más extraña y promiscua compartimos a lo largo del día con otras personas: el trono, el WC. Esta denominación proviene del acrónimo inglés para “water close” y hace referencia al cierre hidráulico, el mecanismo de sifonamiento mediante el cual el tubo que conecta nuestra vivienda con las cloacas queda cerrado al paso de olores y agentes insalubres de forma sencilla, automática e infalible. Desde las primeras letrinas talladas en piedra hace más de 4.000 años en Gnossos hasta la incorporación de la electrónica para mejorar nuestra experiencia sobre el inodoro, el diseño, perfeccionamiento y popularización (el retrete es algo obligatorio desde hace más de 200 años), constituyen una historia jalonada de episodios reseñables. El éxito del invento y la velocidad con que se popularizó no es extraño. El WC resuelve de forma aparentemente definitiva un problema de salud e higiene públicas. Mediante el accionamiento de su sencillo mecanismo, el retrete aleja nuestros residuos para mayor comodidad propia y de nuestros congéneres. Pero… ¿Se trata de un logro meramente funcional? ¿Implica el retrete una forma de entender el mundo?

Gracias a este nuevo aparato llamado WC, en el siglo XVIII podremos hacer desaparecer por primera vez y de forma casi mágica aquella parte de nosotros con la que ya no nos identificamos. No es de extrañar que Zizek vea en la forma y funcionamiento del retrete una metáfora de la forma en que cada sociedad se libra de sus “marrones”. Efectivamente el WC nos libera de nuestra mierda, pero contribuye también a una importantísima evolución del espacio en que vivimos. El inodoro opera como una máquina higienizadora del espacio. Es capaz de unificar parcelas de nuestra existencia tradicionalmente separadas de forma radical. Gracias al cierre hidráulico las nuevas letrinas no son insalubres siendo posible domesticarlas, es decir, incluirlas en las viviendas de las que hasta entonces estuvieron claramente segregadas cuando no directamente excluidas. Es gracias al WC y su vasta red de alcantarillado que el espacio público se dignifica quedando atrás los tiempos de “agua va” y los callejones inmundos en que la grey se aliviaba. El retrete en definitiva, hace posible un estado de claridad y limpieza universales que pronto encontrará su expresión estética. En lo doméstico será el espacio luminoso y diáfano. En lo urbano la apertura de viales y la inédita domesticidad del espacio público. En ambos casos triunfa un Foucaultiano espacio “en orden de inspección”.

Desde un punto de vista de la ética de la autoexigencia, de la moral del esfuerzo, la posibilidad de pulcritud que el WC hace posible en el espacio es un mandato. Si es posible deshacerse de la marrones de forma discreta y definitiva, es obligado hacerlo de esa manera. Se inicia así una carrera de nuestros interiores (e interioridades) hacia lo inmaculado, una tendencia que es tan formal como moral, tan estética como ética. Resulta obscenamente violenta la forma en que Le Corbusier proyectó (¡y publicó!) algunos de sus interiores domésticos haciendo desinhibida apología de la desnudez y limpieza de los espacios de aseo: Como espacios diáfanos que se muestran bajo una impenitente luz cenital directa del sol, sin posibilidad si quiera de un puntual oscurecimiento de alguno en sus rincones. Cualquier atisbo de intimidad, discreción o simple sombra es eliminado a favor de una amplitud y luminosidad higienistas cuya íntima incomodidad Tanizaki describe con tanta sutileza en “Elogio de la sombra”.

En el WC se impone la estética de la inspección. Los sanitarios se presentan como iconos de modernidad, en una incuestionada asociación de limpieza y salud, formal y moral.

2 Mierda y sostenibilidad: tabú y totem.

Blanco, de porcelana y de formas redondeadas, este es el hegemónico aspecto del WC desde su primera construcción. Pocas piezas son tan invariables en su forma y aspecto como este asiento. Hubiera querido ilustrar estas líneas con diseños de interés pero cualquier esfuerzo de creatividad y originalidad en su diseño resulta forzado y rápidamente evoluciona hacia el ridículo. Cualquier manipulación o personalización del aspecto del retrete violenta al espectador de manera especialmente directa. Resulta paradójico lo categórico de la forma del váter, lo intocable de su diseño y material, aparentemente protegidos de cualquier cambio, como si el WC fuese un tabú del diseño y la microsociedad del diseño y los diseñadores hubiesen acordado una moratoria de originalidad entorno al “trono”.

Apelo a la paciencia e interés del lector para comentar la última revolución en el diseño de WCs: el W+W de Roca y su antecesor, de menor impacto visual pero idéntica filosofía, el Profile 5 de Caroma fuera ya de fabricación. En ambos casos se trata de un dispositivo que unifica lavamanos e inodoro. Se trata de reducir el consumo de agua utilizando las aguas grises del lavamanos como provisión de la cisterna del retrete, una solución a la que por urgentes problemas de economía muchos llegaron antes a través del bricolage. Como anteriores avances en materia de fontanería y saneamiento, la simplicidad del planteamiento está lejos de ser un inconveniente y además de garantizar el buen funcionamiento del mecanismo se presta a equivalentes morales sobre los que bien nos hubiera gustado haber escuchado hablar a Slavo Zizek.

La provocación del elaborado (y costoso) diseño de Roca reside en el hecho de que se trata una pieza de diseño que propone una nueva forma para el WC. Un cambio en la forma del WC sólo es presentable si argumentos muy poderosos lo soportan. Me complace especialmente especular con la posibilidad de que esta última transformación de ese tabú del design que es el retrete resida en un nivel aún mayor del tradicional higienismo funcional y moral tan típicamente centroeuropeo que parece soportar todos los WCs: La sostenibilidad. En efecto, si el WC es un tabú del diseño, la sostenibilidad es un totem de esa misma disciplina. En el W+W la novedad formal se ampara en la reducción en el consumo de agua. Y es gracias al carácter exorbitante del concepto sostenibilidad que resulta tolerable una manipulación formal de WC que de otra forma sería rápidamente denostada.

Sostenibilidad en definitiva, una materialización de posibilidades que, precisamente por ser posibles y para la moral más autoexigente, deviene inmediatamente en un mandato…

Texto: Elías Cueto. Imágenes: links citados

De una pieza

febrero 16th, 2012 § Dejar un comentario

La sofisticación en el diseño y construcción de las sillas ha tenido mucho que ver con el ensamblaje de diferentes materiales y formas. Sin embargo la tecnología hace posibles sillas de una sola pieza en las que el material, su forma, o sencillamente la técnica y el proceso de conformado, alcanzan una singular expresividad.

En lo que a los diseños de una sola pieza se refiere, el plástico es sin lugar a dudas el material por excelencia. Las sillas de plástico moldeado están por doquier y no faltan buenos ejemplos de las posibilidades que este material ofrece. Tal es el caso de Neiji, una silla elegante y altiva diseñada por Mukomelov Studio en 2010 emparentada quizás con el taburete WW de Phillip Stark.

Quizás el ejemplo más irreverente de cuantos diseños se han realizado en plástico sea precisamente del diseñador francés,  Louis Ghost, un diseño realizado por Phillipe Stark para Kartell en 2008. En esta pieza el genial diseñador francés logra algo aparentemente imposible: ¡Un Luis XV de metacrilato!

También de una pieza y en plástico, pero en los límites de la experimentación descubrimos Pe Pink de Tom Price. Se trata de un diseño basado en el uso de materiales con bajo punto de fusión como el polietileno. Así, calentando un molde con forma de asiento y por simple contacto con dicho material obtiene la forma exacta del asiento sobre una imprevisible maraña de plástico fundido que sirve como patas de la silla final.

También mediante el uso de plásticos con bajo punto de fusión se encuentra Original Stool un proyecto de BreadedEscalope. En este caso la forma y color del objeto queda fuera de control para los diseñadores que someten la pieza aún sin solidificar a diferentes situaciones obteniendo unas formas y mezclas de color igualmente diferentes e imprevisibles.

Definir procesos de producción orientados a la obtención de formas imprecisas, y por tanto producir objetos únicos, es un objetivo compartido por diversas propuestas. En el caso del israelí Guy Michaly destaca Blast, un taburete cuya forma se obtiene mediante una explosión controlada. Para ello previamente se da forma a un casquillo mediante el corte por laser de una chapa y posteriormente se sueldan las dos piezas. A continuación se colocan cargas explosivas de tal forma que su detonación confiera la forma final al taburete, forma que evidentemente es irrepetible.

Una propuesta similar ha sido desarrollada por Johannes Hemann. Mediante un pequeño espacio cerrado en el que simula tornados, este diseñador deja que los fragmentos de un material se agrupen caóticamente hasta formar objetos. Tal es el caso de Geoffrey, un sofá en el que los tradicionales recortes de espuma del relleno se auto-organizan para formar un asiento.

Con la misma intención de lograr objetos con formas únicas dando forma a procesos caóticos, Jolán van der Wiel utiliza la fuerza electromagnética en lugar de las turbulencias atmosféricas. Para ello un material conductor de la electricidad es depositado entre varios campos magnéticos que deforman esta sustancia dando forma a un taburete.

Con un proceso de fabricación más sencillo y un aspecto final igualmente imprevisible  destaca la silla Rememberme diseñada por Tobias Juretzek para Casamanía. Se trata de un producto fabricado a partir de ropa vieja que es introducida en un molde y prensada con resina. La forma final es repetitiva y sencilla pero el aspecto del producto terminado es siempre único debido a que en él se incorpora de forma reconocible la ropa vieja utilizada en su fabricación.

Y también con material de deshecho aunque en este caso con residuos de plástico inyectado, KOCX ha desarrollado un sencillo sofá modular de una sola pieza.

Con un planteamiento similar el holandés Dirk van der Kooij ha diseñado Endless, una silla y mecedora fabricadas de una sola pieza. Como en el caso anterior, la producción del mobiliario también se basa en material de deshecho, en este caso bolas de plástico reciclado. Aquí sin embargo el proceso de fabricación evita el uso de costosos moldes y se basa en un brazo robótico, una pieza con más de 140.000 horas de trabajo acumulado que el diseñador compró cuando iba a ser retirado de una fábrica china. Convenientemente reprogramado, ese brazo es capaz de producir sillas sin interrupción pudiendo variar su color en función de los residuos de plástico con que se alimenta la maquina. La producción continuada admite continuos cambios en la forma o escala del modelo ya que esta no depende de un molde sino que es impresión directa de un modelo CAD.

Pero no todo es plástico en lo que a la fabricación de asientos en una sola pieza se refiere. Florian Schimid () ha trabajado con el “lienzo hormigonado”, un material al que se le puede dar forma como si de una tela se tratase pero que una vez fraguado es tan rígido y resistente como el hormigón. En Stitching, este diseñador ha trabajado sobre diferentes patrones utilizando de forma desenfadada cordones de colores para dar forma al producto final mientras éste fragua.

De una pieza se forma igualmente Glacier, una exclusivísima chaise-longe diseñada por Brodie Neill a partir de 135 litros de vidrio solidificado. La pieza supera los 300Kg de peso y su fabricación precisa de un secado que se prolonga durante más de 80 días. El trabajo de Neill recurre frecuentemente a lo escultural y recuerda al bien conocido trabajo de Ron Arad, especialmente en sus diseños resueltos mediante acero inoxidable como es el caso de Reverb.

En el extremo opuesto en lo que a exclusividad se refiere se encuentra el trabajo de Dirk Winkel. Partiendo de los principales clásicos del diseño como la silla Barcelona de Mies van der Rohe o la LC2 de Le Corbusier, este diseñador produce Stacking Hommage. Se trata de copias de aquellos iconos del diseño realizadas en plástico moldeado y perfectamente apilables. Debo reconocer que siento debilidad por estas “copias baratas” y su descaro iconoclasta, singularmente provocador y auténtico.

De una pieza e informal resulta la propuesta de Kanana Kanishi. Koke-a es un ambiguo mueble para descansar en que el punto de partida no es el sofá o la chaise-long sino una “alfombra modificada”. El resultado es una pieza adaptada a la tradición japonesa de sentarse en el suelo que promueve posiciones imprevistas y ofrece un provocador color y textura de musgo.

Texto: Elías Cueto / Imágenes: links citados.

Dibujando… sillas

enero 29th, 2012 § Dejar un comentario

Desde el 21 de Enero hasta el 9 de Abril, del presente año (2012), se celebra en la Royal Academy of Arts, de Londres, una exposición sobre la obra de David Hockney. La muestra consiste en una colección de más de 150 obras, generalmente de gran formato, cuyo argumento principal es el paisaje y el efecto de las estaciones sobre el mismo.

“Woldgate Woods, 21, 23 & 29 November 2006″ / Óleo sobre lienzo, 182 x 366 cm / Fotografía: Richard Schmidt

En realidad, el hecho de representar la naturaleza que nos rodea ha sido y sigue siendo uno de los ejercicios más comunes del ser humano. La gran diferencia que encontramos con el paso de los años es la técnica que posibilita dicha representación.

Cuevas de Altamira. Entre 15 000 y 12 000 años a.C.

Es interesante indagar sobre la retrospectiva de Hockney, por la simple razón de que un tercio de las obras han sido creadas mediante un iPad. Sin duda, una técnica novedosa que le permiten a este artista, de más de 70 años, seguir indagando en técnicas de representación…

“The Arrival of Spring in Woldgate, East Yorkshire in 2011- 2 January” / Dibujo en iPad impreso sobre papel, 144.1 x 108 cm

Esta exploración artística me da pie a sugerir dos líneas de investigación, relacionadas con el campo que nos ocupa; las sillas.

Por un lado, un tema sobre el cuál no quisiera detenerme demasiado ahora, pero que me parece de sumo interés. Se trata de preguntarnos si existe o debiera existir una co-relación entre el entorno que nos rodea, ese que pintamos a veces, y los objetos que producimos, o dicho de otra manera, ¿existe una objetualización del paisaje?

En segundo lugar, y de carácter menos prosaico, quisiera reflexionar sobre las formas de representación de nuestras sillas. Pocas son las referencias que tenemos al respecto y menos aún de ese proceso evolutivo, previo al objeto final. Generalmente, son dibujos a mano alzada, cargados de intención, pero de líneas aún titubeantes. Estos esbozos tienen un alto valor intelectual, ya que son la antesala de un producto final y la plasmación de todas aquellas incertidumbres que nos asaltan antes de la elaboración última. Dibujos que anticipan una realidad venidera.

Mies van der Rohe (1929)

Le Corbusier (1929)

Jean Prouvé (1930)

Con la imagen todavía presente de ese señor mayor retratando la campiña inglesa con su iPad, quisiera recomendar la visualización del siguiente vídeo.

SketchChair Kickstarter Campaign from diatom studio on Vimeo.

Un intento por crear un software libre, al alcance de todo el mundo, que permite diseñar distintas piezas de mobiliario, evaluando previamente su adecuación ergonómica. La idea es sumamente atractiva, ya que todos los objetos se configuran a partir de piezas menores planas, que se pueden obtener fácilmente recortando sobre un tablero contra-laminado de madera. Dichas piezas se unen con ensambles a media madera o de caja y espiga hasta configurar el modelo tridimensional. Desde luego, todo el sistema goza de una inapelable ventaja, que consiste en poder transportar todas las partes del producto en muy poco espacio y, por lo tanto, de una forma muy eficiente.

Texto: Xulio Turnes Vieito [www.domohomo.es]

Lucas Masen, Lucas Maasen, Lukas Massen, Lucas Mazen…

enero 12th, 2012 § Dejar un comentario

En el trabajo de Lucas las sillas están casi por todas partes y se acompañan con interesantes reflexiones sobre los procesos que dan forma, significado o simplemente intensidad a los objetos. Desde el proceso de fabricación hasta el proceso de valoración o percepción de un diseño por parte de la sociedad, el consumidor, etc.

El último trabajo del holandés es Maasen & Sons, un diseño de silla en el que la forma se carga de intensidad a través de la colaboración de los hijos del diseñador/artista en la terminación de las mismas. Sillas aparentemente sencillas que sin embargo contienen afinadas decisiones de diseño y en las que la torpeza y rapidez del acabado final revelan un origen habitualmente inconfesado: el trabajo infantil.

Pero no todo es diseño póvera en la trayectoria del holandés. En 2010 Maasen diseñaba Sitting Gold. Se trata de una “silla-lingote de oro”, una provocadora pieza en la que el diseño de sillas es un medio para la simple y directa acumulación de capital. Un interesante apunte sobre el diseño contemporáneo…

Siguiendo la dirección apuntada por Enzo Mari (reseñado anteriormente en este mismo blog), en el trabajo de Maasen los objetos no aparentan ser sino que simplemente son. No son aparentemente valiosos sino que literalmente valen mucho, como en el caso de Sitting Gold. No son formas y diseños concretos sino piezas unidas según unas determinadas instrucciones como en el caso de Script Chair OS, un simple protocolo de ensamblaje en el que las piezas y materiales son intercambiables.

En ocasiones el trabajo de Lucas se ha apoyado en la transformación y manipulación de sillas que dejan de ser muebles auxiliares para convertirse en presencias virtualmente animadas que reclaman su propio protagonismo y atención. Es el caso de Singing Chair o las inquietantemente divertidas Sitting Chairs y Yoga Chairs.

Sillas que no son para sentarse… Sillas todas ellas que dan poco o nulo servicio y que nos interrogan sobre nuestras inconfesadas preferencias en el diseño: ¿Realmente queremos sentarnos o sólo representar la acumulación de capital y rodearnos de serviles y complacientes diseños/trabajos/esfuerzos realizados por otros? Mmm…

Texto: Elías Cueto / Imágenes: www.lucasmassen.nl

Transformar, intervenir, modificar, adaptar… ¿copiar?

diciembre 25th, 2011 § Dejar un comentario

En una fugaz conversación con Magdalena surgió este tema de la originalidad de los diseños, de cómo y hasta dónde copiar, de lo significativo de un diseño por sus antecedentes y sus referencias… Un ejemplo: 1-380 de Horgenglarus. El fabricante suizo ha desarrollado una gran cantidad de sillas caracterizadas por su diseño contenido y poco provocador. El modelo Classic 1-380 es quizás el más popular de todos. Una pieza a mitad de camino entre lo clásico y lo genérico, fuente de inspiración propia y de, entre otros, el propio Jasper Morrison en su Basel Chair para Vitra.

Horgenglarus a la izquierda, Vitra a la derecha.

En abril de 2009 y precisamente en base a ese clásico del diseño suizo, una cafetería llamada “Z am Park” iniciaba un interesante proyecto. Grupos de cuatro sillas se ofrecían a cinco diferentes personas para que las transformasen a voluntad. Las sillas se utilizaban durante cuatro o cinco meses en el céntrico cafetón de Zurich. Al final de este periodo eran subastadas públicamente de manera que una nueva remesa de 1-380 intervenidas eran colocadas en la cafetería en sustitución de aquellas. Desde el inicio de este proyecto cien sillas de Horgenglarus han sido transformadas, utilizadas y vendidas. La web de “Z am Park” permite ver todos los modelos desarrollados.

A lo largo de este proyecto son muy variadas las técnicas de intervención/modificación sobre un diseño previo. Algunos de los experimentos formales apuntan reflexiones sobre la silla, su producción o la tradición. En otros casos se revelan estrategias para copiar creativamente. Así, en la primera edición el diseñador industrial Fabian Schwärzler proponía una copia ablandada y Fries & Zumbühl utilizaban un sencillo envoltorio de tela elástica para transformar el diseño original. Por su parte Annina Gähwiler y Tina Stieger producían unas sillas ancheadas mediante un suplemento casi invisible.

En la segunda edición Christophe Marchand junto con Christian Lehmann y James Dyer-Smith compartían la técnica de la prótesis mientras Nicolas LeMoigne realizaba perforaciones de diferentes diámetros como forma de intervenir sobre el clásico logrando un impactante efecto visual.

El trabajo de Colin Schaelli en la tercera edición va un paso más allá. Bajo el sugerente lema “matar el clásico”, propone diferentes procesos de destrucción de la silla como forma para obtener nuevas versiones y originales “acabados”. Una radical propuesta de action chairing que me llevó hasta el Z am Park y todos estos modelos. Por su parte Stefan Gnirs realizaba en esta edición toda una serie de transformaciones de la silla original produciendo mecedoras, taburetes o tacatacas…

En la cuarta edición la fabricación fue objeto de reflexión. Frédéric Dedelley desindustrializaba la producción de la silla original introduciendo un poco de decoración en tanta racionalidad suiza. De forma similar Andreas Saxer subvertía el producto industrial con los patrones del trenzado artesanal sobreimpresionados.

La última edición impulsada por Z am Park dejó interesantes reflexiones y productos.  Gabriela Chicherio esbozaba sobre las piezas intervenidas las líneas de otros clásicos del diseño de Stark, Jacobsen, los Eames o Thonet. Por su parte ZMIK diseñaba unas irreverentes prótesis de tubo de aluminio capaces de transformar la silla en un taburete.

Las formas, los materiales y las técnicas constructivas o de montaje… todo ello es significativo gracias a un contexto, a unos antecedentes. Para entender y disfrutar las nuevas propuestas resulta positivo conocer (y dar a conocer) esa acumulación de antecedentes, esa tradición. En estas fechas en que la tradición nos sincroniza a todos de una manera especial cada cual, a su manera, repite el mismo mensaje como se repite la silla Horgenglarus… Pues eso, felices fiestas.

Texto: Elías Cueto  /  Imágenes: URLs enlazadas

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